















(Del poemario:
Deambulaciones por el paisaje)
Un ciervo corre desde el Mar de Barents
hasta el extremo oriental de Nueva Zembla.
La imagen es una suma de fotogramas
donde el animal levanta las patas,
las apoya en el suelo,
da un salto,
pisa la tierra.
Tiene sal en el hocico
tiene una costra de sal
y un pelo que le impide sentir frío.
El agua es tan espesa
que cuesta tragarla.
Hay paisaje detrás de la imagen,
hay árboles autóctonos,
hay nácar en el suelo,
redes de pescadores
entre soplos de dioses nórdicos.
La escena corre lenta y da tiempo
a imaginar al mismo animal
corriendo desde el Lago Argentino
hasta Puerto Aysén,
atravesando campos de amancay,
alerces milenarios,
notros en flor,
nalcas donde rascarse.
El mismo ciervo detenido
frente un glaciar colgante
esperando que pase la lluvia.
La naturaleza cercana a los polos
acaricia el lomo del solitario
y hospeda almas salvajes.
